La expresión corporal: Una alegría para el alma.

By Publicado en - expresión artística en abril 25th, 2014

LA EXPRESIÓN CORPORAL: UNA ALEGRÍA PARA EL ALMA.
Entre los talleres que podréis elegir en el programa «Embosqadas» verano 2014, algunos están relacionados con la expresión corporal (teatro, danza, música…). Jorge Senar, nuestro técnico en actividades de expresión artística y musical, nos ha preparado una introducción al tema: 

La expresión corporal de los humanos es inevitable: incluso cuando la persona calla, todo su cuerpo está hablando de una manera inconsciente (la postura, la mirada, el gesto, la tensión…). Toda nuestra vivencia cotidiana es y puede ser percibida como expresión corporal, lo que nos permite conocernos a nosotros mismos y conocer mejor a los demás: ver qué sensaciones nos despierta la otra persona con el gesto, la mirada o el propio cuerpo.
Así vemos que esta disciplina trasciende los ámbitos del teatro y la danza. La Expresión pretende ser un camino de conquista o de retorno hacia la autenticidad, un medio vivo y eficaz de dar salida a nuestro “yo” profundo y una forma de alcanzar el máximo enriquecimiento personal. El aprendizaje de la expresividad favorece un aumento de la creatividad, de la libertad y del autocontrol personal, ya que supone el cultivo de lo afectivo, de lo inconsciente y de lo instintivo. Como escribió la pedagoga Carme Aymerich:
“Yo soy mi cuerpo con todo lo que lleva implícito de vida, de movimiento, de formas intensas y extremas. Y cuando yo pienso, que es en cada instante, toda yo soy cerebro, soy tacto, soy sangre que circula y soy corazón que palpita. Como también soy movimiento que traduce mis ideas, mis estímulos, mis necesidades y mi alegría.”

El trabajo corporal permite despertar los cinco sentidos, agudizar las percepciones, tener una imagen de uno mismo y saberla proyectar, afirmar la individualidad, recuperar la iniciativa, la confianza en uno mismo. Por eso la expresión corporal debe favorecerse y desarrollarse: sin ella, el individuo será siempre un prisionero. Recurrimos al cuerpo cuando nos falta la palabra, haciendo gestos que a menudo son torpes e imprecisos, poco significativos porque proceden de un organismo a quien le falta el hábito y la cultura regular de la Expresión. Así lo explica el maestro y actor Carlos Pons:
“El músculo que no se ejercita se atrofia, por eso sabemos de gente que no se acuerda de reír. Y lo mismo pasa con el cerebro: quien no repasa, renueva, despilfarra y juega con sus pensamientos, costumbres y conocimientos, fácilmente pierde la agilidad necesaria para entender un mundo en cambio permanente. Además, y esto sí que es una gran pena, pierde el placer de crear, el gozo de vivir y el privilegio de compartirlo. Así que, ¡danzad, danzad, benditos!”

Después de vivir unas sesiones de Expresión, después de improvisar y de crear, queda en el fondo de nosotros un poso de riquezas nuevas que son el resultado de la observación, de la imaginación y de la búsqueda, en nosotros mismos, del ritmo de tantas cosas en las que hemos usado el gesto y la voz.
También la voz, sí. La palabra acompaña al gesto, la mirada, al cuerpo en general; y puede matizar con la entonación, el ritmo, el tono y el silencio aquellos pensamientos y sentimientos que se quieren comunicar. Pero si tenemos en cuenta que la voz forma parte del cuerpo, se comprende que cuanto más ejercitados estén sus órganos con más dominio y soltura se utilizará.
Tres cuartos de lo mismo sucede con la música, que también parte del cuerpo (voz, palmas, danza…). Los instrumentos musicales son como prolongaciones del cuerpo para manifestar con sonidos su vida interior. Y cuando hacemos música en grupo conjuntados bajo el mismo ritmo y la misma armonía, esa expresión sonora colectiva, ¿no tiene su correspondencia de expresión visual en la coreografía de cuerpos bailando, a la que podría traducirse?
¡Danzad, danzad, benditos!

Jorge Senar

Fuentes:
− Pedagogía de la Expresión con Carme Ayremich, Mª Teresa Farreny
− Práctica de la expresión corporal, Tomas Motos y Leopoldo G. Aranda
− entre otros libros de Ñaque Editora.

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