Estrellas y leyendas: Perseo y sus mil aventuras.

By Publicado en - astronomía & leyendas en febrero 19th, 2015

Perseo es una constelación de tamaño medio situada en plena Vía Láctea, formada por estrellas brillantes que dibujan una curiosa “K” facilitando su localización. Es observable en el hemisferio norte desde agosto hasta abril, culminando en invierno sobre el cenit. Y en lo que respecta a su peripecia mitológica, debo decir que los griegos se sintieron inspirados. Os va a gustar.
Perseo era un semidiós, hijo de Dánae. Ésta había sido encerrada por su padre, Acrisio, en una torre, para impedir que tuviera trato con varón, ya que una profecía le había anunciado que moriría a manos de su nieto. Sin embargo, Zeus se metamorfoseó en lluvia de oro y consiguió acceder a la estancia de Dánae y dejarla encinta.
Dánae engendró a Perseo, y al enterarse Acrisio los arrojó al mar en un cofre. Tras vagar durante mucho tiempo a la deriva, llegaron al reino de Sérifos, donde fueron recogidos por Dictis, hermano del gobernante de la isla, el tirano Polidectes, que es para Perseo como un padre.
La belleza de Dánae hizo que Polidectes también cayera enamorado de ella. Pensando que el joven Perseo podía ser un estorbo en sus planes intentó librarse de él mediante una estratagema. Esta consistía en hacer creer a todo el mundo que pretendía conquistar a la princesa Hipodamía. Polidectes pidió a los habitantes de la isla que le entregasen un caballo cada uno como presente para poder ofrecer como regalo a la princesa. Al no tener ningún caballo que ofrecerle, Perseo le prometió traerle la cabeza de Medusa, una de las tres Gorgonas que podía convertir en piedra a los hombres sólo con su mirada. Polidectles aceptó satisfecho el ofrecimiento, pensando que la misión era un suicidio y el joven nunca regresaría.
Sin embargo, Zeus decidió ayudar a su hijo por lo que pidió a los dioses Atenea y Hermes que le prestaran su ayuda. Hermes le dio una espada con la que poder cortar la cabeza de Medusa, esta espada no podía romperse ni doblarse, mientras que Atenea le regaló un brillante escudo y le aconsejó sobre las tareas que tendría que realizar. Con el fin de encontrar el escondite de Medusa, Perseo fue en busca de las Grayas, tres brujas que sólo tenían un mismo ojo y un mismo diente y que compartían pasándoselos una a la otra. Perseo les arrebató el ojo y el diente, obligándolas a confesar donde estaba situada la residencia de Medusa a cambio de devolverselos.
En su camino, Perseo se encontró con las náyades (ninfas de agua dulce), de las que consiguió un zurrón mágico, el casco de Hades, que permitía volver invisible al que lo llevara puesto, y unas sandalias aladas. Con la ayuda de estos objetos logró introducirse en la residencia de las gorgonas. Usando el escudo como espejo logró cortar la cabeza de Medusa sin tener que mirarla. De la sangre de Medusa nació el caballo alado Pegaso.
De vuelta a su hogar, Perseo encontró a Andrómeda encadenada a una roca, lugar donde había sido dejada por sus padres Cefeo y Casiopea para ser devorada por el monstruo marino Ceto. Pero de cómo la liberó y tuvieron abundante prole hablaremos en primavera, cuando nos refiramos a la constelación de Andrómeda.
Luego Perseo regresa a Serifos. Allí, Dictis y Dánae se han refugiado en un templo huyendo del acoso de Polidectes. El rey está de haberse librado de Perseo.
Pero éste se presenta ante Policdetes y ante toda su corte; ellos empiezan a burlarse de él, y entonces, mirando hacia otro lado, saca la cabeza de Medusa y se la muestra; todos quedan petrificados -por efecto de la mirada de la cabeza sin cuerpo- con una expresión de incredulidad en sus rostros, en especial Polidectes.
Perseo devuelve todos los objetos mágicos y le regala a Atenea la cabeza de Medusa, que desde ese momento ella incorpora a su escudo. Después decide regresar a Argos.
Acrisio se entera de que su nieto viaja para encontrarse con él y pone tierra de por medio. Cuando Perseo llega, no lo encuentra. Está en un reino vecino, Larisa, presenciando unos juegos. Perseo lo sigue. Una vez allí, los organizadores le proponen participar en los juegos. Perseo acepta en lo del disco. Cuando lo tira, lo hace con tan mala fortuna, ¡oh, fatalidad!, que golpea a Acrisio y lo mata, cumpliéndose así la profecía.
Pero en Perseo no había ningún espíritu de rencor ni de venganza y, debido a esta muerte accidental, no quiso seguir gobernando su legítimo reino, Argos. En con¬secuencia, intercambió los reinos con su vecino y tío, y construyó para sí una ciudad poderosa, Micenas, en la que vivió largo tiempo con su familia en amor y honor.

Y todo esto resumiendo, contado así por encima. Pero ¡cuántas y qué bellas historias rezuman de un puñado de estrellas!

Los comentarios están cerrados.