El Can Mayor y Sirius, la estrella más brillante.

By Publicado en - astronomía & leyendas en febrero 4th, 2015

En la anterior entrada sobre constelaciones veíamos en Orión al “cazador gigante”, siempre huyendo del Escorpión que le hizo caer. Pero, ¿dónde va un cazador sin su perro?

En la iconografía celeste, Orión siempre va fielmente acompañado de su perro, el Can Mayor, que persigue a la Liebre, identificable por su forma alargada y sus orejas tiesas.

El Can Mayor comprende Sirius, estrella extremadamente luminosa, la más brillante del firmamento, más incluso que las supergigantes rojas de Orión, Betelgeuse y Rigel. La luz de Sirius (una de nuestras vecinas más próximas) es tan fuerte, que en tiempos antiguos se decía que era un segundo sol que salía una hora antes del amanecer…

Pero Sirius es, en realidad, la perra Mera, animal del humilde granjero Icario, al que Dionisio regaló el primer esqueje de vid y quien hizo la primera vendimia del mundo. Lamentablemente, cuando Icario distribuyó el primer vino entre los campesinos locales, estos, borrachos, piensan que les ha envenenado y lo golpean hasta matarlo. Mera descubre el cuerpo y guía a la joven Erígone hasta allí. Fue un acto de fidelidad infortunado, porque al descubrir el cuerpo inerte de su padre, Erígone se suicida ahorcándose. La perra muere de pena mientras guarda los cadáveres de sus amos.

Se cuenta que los asesinos de Icario huyeron a una isla al sureste del Ática. Zeus, apiadado por la fidelidad del animal, había convertido a Mera en la estrella-perro Sirio, y tal es su fuerza que quemó la tierra de esa isla como castigo por haber dado cobijo a los asesinos de su amo. A través de su oráculo, Zeus aconsejó a los habitantes que realizaran anualmente unos cultos con los que convocar a vientos fríos del norte para aliviar el calor abrasador de la zona -y desde entonces soplan ahí durante cuarenta días en verano.

Posteriormente Zeus llevó a Icario al cielo, transformado en la constelación de Boyero y a su hija Erígone, convertida en la constelación de Virgo… pero vale, vale; ¡nos estamos adelantando demasiado!

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